Preocupación constante
La cabeza no para: anticipas problemas que aún no han pasado, repasas conversaciones ya terminadas y descansar te cuesta incluso cuando no hay nada urgente. Suele venir acompañado de tensión, insomnio o irritabilidad.
Uno de mis focos de trabajo en consulta
La ansiedad no se cura convenciéndote de que no pasa nada. En consulta trabajamos para que deje de dirigir tus decisiones: entender qué la dispara, dejar de pelearte con ella y recuperar las cosas que has ido dejando de hacer por evitarla.
Casi nadie llega diciendo «tengo ansiedad». Llega diciendo que no duerme, que le da vueltas todo, o que le pasó algo en el coche y no ha vuelto a conducir igual.
La cabeza no para: anticipas problemas que aún no han pasado, repasas conversaciones ya terminadas y descansar te cuesta incluso cuando no hay nada urgente. Suele venir acompañado de tensión, insomnio o irritabilidad.
Episodios que aparecen de golpe, con síntomas muy físicos —taquicardia, falta de aire, mareo— y la sensación real de que algo grave está pasando. Después llega lo que más limita: el miedo a que vuelva a ocurrir.
Hablar en una reunión, conocer gente nueva o simplemente sentirte observado se vuelve costoso. Muchas veces no se nota desde fuera, porque quien lo vive aprende a disimularlo bien y a evitar las situaciones sin que se note.
Levantarte ya cansado, no poder desconectar, y esa mezcla de exigencia y culpa que hace que descansar tampoco descanse. Es el motivo por el que más me escriben profesionales y personas con proyectos propios.
Si te reconoces en varias, es lo habitual: rara vez viene una sola. Y si no te reconoces en ninguna pero llevas tiempo mal, sigue mereciendo la pena escribir.
Mi corriente son las terapias contextuales, la línea en la que me formé en el máster y en la que sigo formándome dentro de mi propia plataforma.
Es que la ansiedad deje de decidir por ti. Perseguir el «no sentir nada» suele ser justo lo que mantiene el problema: cuanto más peleas con una sensación, más espacio ocupa. Trabajamos el otro lado, el de qué haces cuando aparece.
La evitación es cómoda a corto plazo y cara a largo: cada cosa que dejas de hacer para no sentir ansiedad hace tu vida un poco más pequeña. Buena parte del trabajo consiste en recuperar ese terreno, a un ritmo que puedas sostener.
Las sesiones son prácticas. No se trata solo de hablar de lo que te preocupa: cada sesión termina con algo concreto que probar durante la semana, y la siguiente empieza revisando qué tal fue.
Trabajamos para que no necesites volver. Lo que aprendas sobre cómo funciona tu ansiedad te va a servir para otras cosas que te traiga la vida, y esa es la señal de que el proceso ha ido bien.
No necesitas tenerlo claro ni saber explicarlo bien. Cuéntame lo que te pasa como te salga y te digo con honestidad si puedo ayudarte.
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